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Israel y Palestina: raíces históricas de un conflicto que marcó el siglo XX... y sigue sin resolverse


 

¿Por qué hablar de este conflicto?
El conflicto entre Israel y Palestina no es solo una disputa territorial o religiosa: es uno de los enfrentamientos más largos, complejos y cargados de implicaciones políticas del siglo XX y XXI.
Reúne múltiples dimensiones, de las cuales destacan: conflicto territorial, político, religioso, étnico, económico e ideológico.
Involucra narrativas enfrentadas, una desigualdad de poder significativa y procesos históricos que han deshumanizado al otro.

Para entender sus causas, no basta con mirar los titulares: hay que ir al pasado, a las raíces históricas y estructurales que lo originaron.

Palestina bajo el Imperio Otomano
Durante siglos, la región de Palestina formó parte del Imperio Otomano (1516–1917). Era un territorio rural, económicamente poco desarrollado, con una población mayoritariamente árabe musulmana, aunque también con comunidades cristianas y judías. 
La tierra estaba en manos de grandes propietarios —a menudo ausentes— que arrendaban sus tierras a campesinos locales.

El Mandato británico (1917-1948) y la Declaración Balfour
Con la Primera Guerra Mundial, el Imperio británico conquistó Palestina. 
En 1917 emitió la Declaración Balfour, donde expresaba su apoyo a la creación de un "hogar nacional para el pueblo judío" en Palestina, siempre que no se perjudicaran los derechos de las comunidades existentes. 
La ambigüedad de esta promesa, unida a compromisos paralelos con árabes y franceses, provocó tensiones desde el inicio.
Bajo el Mandato Británico (1920–1948), los sionistas impulsaron una emigración organizada hacia Palestina, comprando tierras a grandes propietarios ausentes. Se promovió una emigración con respaldo internacional, sobre todo europeo, basada en una narrativa de reconstrucción nacional y seguridad tras siglos de antisemitismo.

El crecimiento del sionismo y las tensiones árabe-judías
El sionismo, fundado por Theodor Herzl, proponía crear un Estado judío moderno, laico y seguro fuera de Europa. Palestina fue elegida por razones culturales y geopolíticas. Pero el territorio ya estaba habitado, y la inmigración judía transformó gradualmente el equilibrio demográfico y económico, generando tensiones con la población local, que perdió el acceso a tierras y recursos.
La comunidad judía construyó estructuras políticas propias (parlamento, sindicatos, milicias como la Haganah) mientras que la población árabe, sin tradición de nacionalismo moderno, reaccionaba más desde la pérdida material que desde un programa político articulado.

La creación del Estado de Israel y la primera guerra (1948)
La ONU propuso en 1947 un plan de partición en dos Estados: uno árabe y otro judío. Los judíos lo aceptaron; los árabes, que constituían la mayoría demográfica y solo poseían una parte del territorio, lo rechazaron. El 14 de mayo de 1948 se proclamó el Estado de Israel. Al día siguiente, varios países árabes declararon la guerra.
Israel, con superior organización y apoyo internacional, venció y amplió su territorio. La guerra acabó en 1949 con el Armisticio de Rodas, dejando a Israel con el 75% del territorio. Jerusalén quedó dividida entre Israel y Jordania.

Refugiados palestinos y la Nakba
Más de 700.000 palestinos huyeron o fueron expulsados. 
Durante décadas se dijo que lo hicieron voluntariamente, pero estudios posteriores, como los de Benny Morris, revelaron procesos de limpieza étnica, expulsión forzada y destrucción de pueblos. Israel promulgó leyes como la del Propietario Ausente (1950) para impedir el retorno. 
La mayoría de los refugiados vive hasta hoy en campos de países vecinos.

Guerra de los Seis Días (1967) y los territorios ocupados
En 1967, ante amenazas de los países vecinos, Israel lanzó un ataque preventivo que resultó en la ocupación de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán y el Sinaí. 
Desde entonces, se habla de territorios ocupados. 
Aunque el Sinaí fue devuelto a Egipto en 1979, el resto sigue en disputa.
La ocupación incluyó la expansión de asentamientos israelíes, considerados ilegales por la ONU. Esta administración forzada fue acompañada por un discurso de seguridad, pero también de un cambio demográfico estratégico.

Intifadas, Acuerdos de Oslo y bloqueo de Gaza
En 1987 estalló la Primera Intifada, una revuelta palestina espontánea. En 1993, con los Acuerdos de Oslo, Israel y la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) se reconocieron mutuamente. 
Se creó la Autoridad Nacional Palestina, aunque sin verdadero poder soberano.
La Segunda Intifada (2000) fue mucho más violenta. Israel construyó un muro en Cisjordania y bloqueó Gaza tras el ascenso de Hamás (2006). Gaza se convirtió en un enclave asediado, y la violencia ha sido cíclica desde entonces.

Jerusalén: el "corazón" del conflicto
Jerusalén es clave: Israel la considera su capital "eterna", pero la comunidad internacional no reconoce la anexión de Jerusalén Este. 
Los palestinos reclaman esta zona como su futura capital. La ciudad es un foco permanente de fricciones religiosas, políticas y diplomáticas.

Asimetría, propaganda y legitimidad
El conflicto es profundamente asimétrico. Israel es un Estado moderno, con ejército, recursos y aliados internacionales. Palestina carece de soberanía real y vive bajo ocupación o bloqueo. 
Críticas a las acciones israelíes suelen ser calificadas como antisemitismo, lo que distorsiona el debate y bloquea el diálogo.
Ambas partes han desarrollado narrativas enfrentadas y han utilizado la propaganda para deslegitimar al otro. Pero la desproporción de poder entre los actores debe tenerse en cuenta en cualquier análisis serio.

¿Y hoy qué? Colonias, bloqueos y horizonte incierto
La expansión de colonias continúa, especialmente bajo gobiernos israelíes de derechas. 
La situación en Gaza es crítica. 
En Cisjordania, el mapa es cada vez más fragmentado, y el control militar limita cualquier soberanía real. La solución de dos Estados parece más lejana que nunca.
La comunidad internacional mantiene posturas divididas. Tras décadas de resoluciones no cumplidas, muchos actores han perdido credibilidad. La reciente normalización de relaciones entre Israel y algunos países árabes (Acuerdos de Abraham) ha dejado aún más aislada a la causa palestina.

Conclusión: comprender el pasado para construir justicia
El conflicto entre Israel y Palestina es la historia de dos pueblos con aspiraciones nacionales legítimas, enfrentados por un proyecto colonial moderno surgido del miedo y la exclusión. 
Entender esta historia implica reconocer la desigualdad estructural, la instrumentalización de la religión, y la falta de voluntad política real por resolverlo.
Analizarlo no es tomar partido: es atreverse a mirar con honestidad. Solo con memoria crítica, justicia histórica y derechos garantizados para ambos pueblos será posible hablar algún día de paz.

Bibliografía:
Finkelstein, N. G. (2005). La industria del Holocausto: reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío. Siglo XXI.

Khalidi, R. (2020). The hundred years’ war on Palestine: A history of settler colonialism and resistance, 1917–2017. Metropolitan Books.

Morris, B. (2004). La historia revisada del conflicto árabe-israelí. Crítica.

Pappé, I. (2006). La limpieza étnica de Palestina. Crítica.

Shlaim, A. (2001). The iron wall: Israel and the Arab world. Norton.

Smith, C. D. (2012). Palestine and the Arab-Israeli conflict (8th ed.). Bedford/St. Martin’s.

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