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5 prácticas médicas absurdas de la Antigüedad



La medicina ha recorrido un largo camino desde los tiempos del papiro, el ungüento de escarabajo o la teoría de los humores. Aunque hoy la ciencia médica se basa en pruebas empíricas y conocimientos anatómicos precisos, no siempre fue así. En la Antigüedad, las enfermedades se explicaban con teorías mágicas, desequilibrios espirituales o castigos divinos, lo que dio lugar a prácticas médicas que hoy nos parecen absurdas, cuando no peligrosas. Pero muchas de ellas, aunque ineficaces, se aplicaban con toda seriedad… y durante siglos.
En este artículo repasamos cinco tratamientos médicos que fueron comunes en distintas civilizaciones antiguas, y que hoy nos resultan tan inquietantes como fascinantes.

1. Sangrías: curar drenando la vida

Durante siglos, se creyó que las enfermedades provenían de un desequilibrio en los “humores” del cuerpo: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Esta teoría, formulada por Hipócrates y desarrollada por Galeno, dominó la medicina occidental hasta bien entrado el siglo XVII.
¿La solución más común? Extraer sangre del paciente, para “equilibrar” su organismo. Las sangrías se realizaban mediante incisiones o aplicando sanguijuelas, y se utilizaban para todo: fiebre, dolores de cabeza, infecciones e incluso melancolía.

👉 El problema: en muchos casos debilitaban al enfermo aún más, provocando incluso la muerte. Fue el caso de George Washington, al que le extrajeron más de dos litros de sangre en su lecho de muerte.

2. Trepanación: abrir el cráneo para liberar el mal

La trepanación es una de las prácticas quirúrgicas más antiguas conocidas. Consistía en perforar el cráneo del paciente con herramientas de piedra o metal para liberar espíritus malignos, curar convulsiones, cefaleas o trastornos mentales.
Se han encontrado cráneos trepanados en Europa, África y América que datan del Neolítico. Lo más impactante es que muchos muestran signos de cicatrización, lo que indica que algunos pacientes sobrevivían.

👉 Aunque suene brutal, algunos estudios modernos han intentado rescatarla en contextos quirúrgicos específicos… pero en su origen, era una mezcla de medicina y ritual.

3. Orina y excrementos como remedios

En Egipto, Roma o Grecia, la orina humana y animal se usaba como desinfectante, enjuague bucal o ingrediente de ungüentos. Se creía que su acidez podía eliminar toxinas del cuerpo y purificar heridas.
También se utilizaban excrementos (de cocodrilo, paloma, cerdo…) como base de cremas para curar quemaduras, infecciones o incluso para métodos anticonceptivos. El Papiro Ebers egipcio (ca. 1500 a.C.) menciona varios preparados de este tipo.

👉 Hoy sabemos que esto implicaba un enorme riesgo de infección, aunque en ciertos casos la acidez de la orina podía tener un efecto desinfectante limitado.

4. El uso del canibalismo medicinal

Aunque suene aterrador, en ciertas épocas se practicó una forma de canibalismo medicinal. En el mundo grecorromano y medieval, se creía que el consumo de partes humanas (como grasa, hueso pulverizado, sangre o incluso cráneos) podía transferir fuerza vital al enfermo.
En Roma, los gladiadores muertos eran considerados fuentes de "energía vital", y se bebía su sangre en ciertos rituales médicos. En Europa, durante el Renacimiento, se usaban polvos de momia importados de Egipto para supuestamente tratar dolencias internas.

👉 Era una práctica elitista y peligrosa, basada en ideas mágicas y en la sacralización del cuerpo humano.

5. Inhalación de humo como tratamiento vaginal

En algunas culturas antiguas, como la egipcia o la griega, el útero era considerado un órgano "errante" dentro del cuerpo de la mujer. Se creía que podía moverse, desplazarse hacia la garganta o el corazón, provocando desmayos, histeria o enfermedades nerviosas.
Para “colocarlo en su sitio”, los médicos aplicaban remedios como vapores de hierbas o humo aromático en la zona vaginal, mientras se exponía la nariz a olores desagradables para atraer al útero hacia abajo.

👉 Aunque absurdo desde el punto de vista actual, esta teoría (la del “útero móvil”) se mantuvo viva en Europa hasta bien entrado el siglo XIX bajo la etiqueta de “histeria femenina”.

Estas prácticas, tan chocantes para nosotros, no eran locuras improvisadas. Eran fruto de los marcos mentales, religiosos y científicos de su época. Lo que hoy vemos como absurdo, en su tiempo fue considerado medicina seria y respetada. Comprenderlas no solo nos habla de la evolución del conocimiento médico, sino también de cómo el ser humano ha intentado entender el cuerpo, la enfermedad y la vida misma a lo largo de la historia.

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