Proyecto A119 : cuando la ciencia fue una sombra de la propaganda.
A mediados del siglo XX, el mundo vivía dividido en dos bloques confrontados en todos los frentes: político, ideológico, militar… y también espacial.
En plena Guerra Fría, la carrera por conquistar el cosmos no solo era una cuestión científica, sino una batalla simbólica por demostrar superioridad tecnológica y poder. En este contexto, Estados Unidos desarrolló un plan tan audaz como aterrador: detonar una bomba nuclear en la superficie de la Luna para que el mundo (y la URSS) lo viera.
El proyecto, oculto durante décadas bajo el nombre de Proyecto A119, no buscaba ningún avance científico real: su objetivo era propagandístico, una exhibición de fuerza nuclear visible desde la Tierra que demostrara que Estados Unidos lideraba el dominio del espacio.
Y sí, esto ocurrió realmente.
El contexto: miedo, espionaje… y Sputnik
Todo comenzó tras un golpe estratégico de la URSS. En octubre de 1957, la Unión Soviética lanzó el Sputnik, el primer satélite artificial de la historia. Fue un momento humillante para EE. UU. (por primera vez, el mundo veía cómo la potencia rival tomaba la delantera en la carrera espacial).
En respuesta, el Pentágono y la Fuerza Aérea estadounidense comenzaron a desarrollar proyectos para recuperar el prestigio perdido. Uno de ellos fue el Project A119, titulado oficialmente: A Study of Lunar Research Flights (Un estudio sobre vuelos de investigación lunar). Detrás de ese nombre anodino se escondía una propuesta clara: enviar un misil balístico armado con una ojiva nuclear y hacerlo detonar en el lado visible de la Luna.
¿Ciencia o propaganda?
A119 fue encargado al Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea y al Instituto Armour de Tecnología (hoy Instituto de Tecnología de Illinois).
Uno de los científicos involucrados —curiosamente— fue Carl Sagan, entonces un joven estudiante reclutado para calcular cómo se expandiría la nube nuclear en condiciones de baja gravedad y sin atmósfera.
Aunque los documentos hablaban de posibles beneficios científicos, el objetivo real era crear una explosión visible desde la Tierra, especialmente si se producía al amanecer lunar, cuando el contraste de luz sería más espectacular.
¿Por qué no se llevó a cabo?
A pesar de que el proyecto llegó a fases avanzadas de diseño y simulación, nunca se ejecutó. ¿Por qué? Varias razones confluyeron:
Riesgo científico: la falta de atmósfera hacía impredecible el comportamiento de la explosión y los residuos radiactivos.
Impacto político: el temor a provocar una reacción global negativa era enorme. La imagen de EE. UU. como “destructor del espacio” no era deseada.
Cuestiones éticas y simbólicas: destruir parte de la Luna, visible desde la Tierra, podía ser percibido como un acto de agresión contra un “patrimonio universal”.
Además, con la creación de la NASA en 1958, el enfoque cambió hacia la exploración tripulada. El camino hacia el Apolo 11 empezaba a trazarse, y mostrar poder destruyendo fue sustituido por mostrar poder conquistando.
Un secreto revelado décadas después
El Proyecto A119 permaneció clasificado durante más de 40 años. Fue revelado al público en la década de 1990 gracias a una biografía del físico Leonard Reiffel, director del proyecto.
Posteriormente, el propio Carl Sagan confirmó su implicación temprana, aunque matizó que el proyecto fue científico y no político… aunque los documentos lo contradicen.
Este episodio muestra hasta qué punto, en la Guerra Fría, la ciencia podía convertirse en un instrumento ideológico. La conquista del espacio no era solo una aventura humana: era una extensión del conflicto en la Tierra.
El Proyecto A119 no fue ciencia ficción, ni una locura de película distópica: fue una propuesta real, diseñada por científicos reales y avalada por una potencia mundial. Y aunque nunca llegó a ejecutarse, nos recuerda los peligros de cuando el conocimiento se pone al servicio del miedo y la propaganda.
La Luna, por fortuna, sigue intacta. Pero su historia está marcada, también, por las sombras de los conflictos humanos.

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