¿Sabías que la primera constitución liberal de España fue aprobada en Cádiz… en plena invasión napoleónica?
La Pepa (1812): libertad, soberanía y nación entre cañones y exilio
Cuando se piensa en revoluciones liberales, muchos imaginan París en 1789 o Washington en 1776. Pocos recuerdan que en 1812, en plena guerra contra Napoleón, España fue uno de los primeros países del mundo en promulgar una constitución moderna.
Ocurrió en Cádiz, una ciudad sitiada, donde se reunieron diputados de toda la monarquía hispánica —incluidos representantes de América— para alumbrar un texto que desafiaba al absolutismo, al invasor… y a medio mundo.
Aquel 19 de marzo nacía la Constitución de 1812, conocida con cariño como "La Pepa" por coincidir con el día de San José. Fue una de las constituciones más avanzadas de su tiempo, un símbolo de libertad, pero también un sueño breve, perseguido y repetidamente anulado.
Contexto: guerra, caos y revolución
Tras la invasión napoleónica en 1808 y la abdicación de Fernando VII, España vivía una vacante de poder. El rey estaba prisionero, y José Bonaparte gobernaba con apoyo francés. Pero el pueblo resistía, y las Juntas provinciales comenzaron a organizarse como forma de soberanía popular. En 1810, se reunió en Cádiz
—única gran ciudad no ocupada— una asamblea extraordinaria: las Cortes Generales. Allí, en medio de bombardeos, hambre y enfermedad, nació una nueva idea de España.
¿Qué proponía La Pepa?
La Constitución de 1812 fue un texto extenso y ambicioso (384 artículos), inspirado en el liberalismo ilustrado. Sus principios más destacados fueron:
Soberanía nacional: el poder ya no residía en el rey, sino en la nación.
Separación de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial diferenciados.
Monarquía constitucional: el rey sigue existiendo, pero sometido a la ley.
Libertad de imprenta y derechos civiles.
Representación parlamentaria basada en provincias.
Educación obligatoria y gratuita.
Abolición de los señoríos jurisdiccionales y de la Inquisición.
Además, proclamaba que "la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios", incluyendo así a los territorios de América, Asia y África como parte activa del nuevo orden constitucional.
Un símbolo… y una condena
Aprobada el 19 de marzo de 1812, la Pepa fue celebrada con entusiasmo popular. Su apodo cariñoso refleja esa alegría: “¡Viva la Pepa!” se convirtió en grito liberal, pero también en motivo de persecución.
Cuando Fernando VII regresó al trono en 1814, abolió la Constitución, restauró el absolutismo y persiguió a sus defensores. Aunque fue restaurada brevemente en el Trienio Liberal (1820–1823) y en 1836, su aplicación fue siempre incompleta y marcada por la inestabilidad social y política de ese país tan querido y tan ingrato al que llaman España.
¿Por qué fue tan importante?
Aunque su vigencia real fue limitada, la Constitución de 1812 influyó profundamente en el constitucionalismo europeo e hispanoamericano. Inspiró textos en Portugal, Nápoles, Sicilia y gran parte de América Latina. Fue una referencia para los movimientos independentistas y un símbolo de lucha contra el absolutismo.
Además, mostró por primera vez una idea moderna de España: no una monarquía de súbditos, sino una nación de ciudadanos.
La Pepa fue más que una constitución: fue un acto de valentía política en tiempos de guerra, una apuesta por la libertad en un mundo aún dominado por el absolutismo. Su fracaso fue tan evidente como su impacto: puso por escrito un sueño de España que tardaría un siglo en empezar a cumplirse.
Y aunque fue derogada, silenciada y atacada, su legado sigue presente. Porque cada vez que se debate sobre soberanía, derechos o participación ciudadana, resuena, en el fondo, aquel grito de Cádiz: ¡Viva la Pepa!
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